Si Adam Smith levantara la cabeza ya no escribiría sobre la mano invisible que regula los mercados, probablemente hablase del manotazo invisible que sería algo así como la reacción de la economía hacia los abusos del libre mercado. Si esto del libre mercado sobre el papel suena muy bien incluso sobre las leyes pero no deja de ser una teoría una fórmula de laboratorio que sólo funciona bajo unos supuestos determinado y en un ambiente determinado. A la hora de llevarlo a la practica surgen las ineficiencias del sistema, las informaciones asimétricas, las ambiciones personales, etc… cuyo efecto de resonancia agregado hace que que la teoría inicial comience a resquebrajarse como una cascara de huevo.
El manotazo invisible nos hace girar la cabeza a la economía de lo real, de las cosas tangibles y sobre todo de las personas. Se un bioindicador de que en el ecosistema que estamos creando hay algo que no funciona, el ciclo virtuoso natural capaz de generar abundancia y bienestar se ha roto y los peces muertos aparecen flotando en el lago.
Siempre me gusto ser reduccionista desensamblar las cosas hasta sus piezas más pequeñas para encontrar explicaciones fáciles y sencillas, sacar las cosas de contexto y verlas desde lejos para entenderlas mejor, perder el respeto a las imágenes sagradas para reirme de ellas y criticarlas. Muchas veces vivir dentro del sistema hace que aceptemos las cosas que siempre han estado ahí como buenas por malas que sean.
En este contexto nunca tuve muy claro el concepto económico y social de una Sociedad Anómina una S.A., en la facultad me contaron que su objetivo era la obtención del máximo beneficio para el accionista y yo me quedé pensando en lo reduccionista que era eso ¿Dónde queda entonces todo los demás? Básicamente si no eres accionista te jodes eres un subproducto de un sistema social, un bug dentro de un programa legal pensado para engordar la cartera de unos señores cuyo merito fue tener una capital acumulado en un determinado momento y invertirlo, a partir de ahí a correr y cobrar dividendos. En fin no es que pensará que aquellos de la Economía fuese a ser una clase de auto ayuda para universitarios pero desde luego me esperada que en 100 años de revolución industrial hubiesen inventado algo más.
En fin que llegamos a las puertas del S.XXI con unos organizaciones sociales que no se preocupan precisamente de las personas a las que organizan y eso se nota claro. Desde un punto de vista antropológico las organizaciones de personas se supones que son una ventaja competitiva en el ambiente, y que hacen más fácil y placentero el hecho de vivir que para algo somos seres sociales y nos gusta coleccionar amigos. Lo que ha pasado durante este siglo es que estas organizaciones pasaron a ser instituciones, tomando vida por si mismas y lejos de convertirse en un instrumento útil de avance social se han dedicado sus esfuerzos a mantenerse ellas mismas, cogiendo peso, anquilosándose, haciéndose burocráticas poco eficientes, en definitiva gigantes con pies de barro que decican sus esfuerzos a su mero sustento.
No parece que el futuro les pertenezca al menos moralmente, no es muy justo que las grandes corporaciones haya ido apropiándose de la tecnología y dejándonos a todo como meros terminales binarios que sólo responder compro o no compro. Desde luego si sobrevivimos gracias a que nuestro pulgar oponible nos hacia seres tecnológicos yo no quiero que el mío se anquilose mandando SMS’s
Por eso replantearse el modo en producimos y nos relacionamos con las cosas parece uno de los pilares de como nos podemos imaginar el futuro, si los ejércitos nacionales son derrocados por las guerrillas, los grandes monstruos empresariales y tecnológicos serán derrotados por guerrilleros artesanos tecnológicos.
El post me lo inspiró este articulo de Wired y ese sentimiento de alegría que experimentas cuando ves que alguien en otra parte del mundo piensa las mismas cosas que tú.
Un ejemplo: Un coche electrico vasco que no necesita cadena de montaje, Hiriko